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    A mis hermanas del mundo entero:

     El secreto de la felicidad se encuentra CuerpoAdentro, en ese espacio donde el cuerpo y el alma están en armonía total. En este blog quiero compartir contigo principios que ayudan a despertar a ese ser mágico que late dentro de tu corazón, para que puedas vivir en plenitud. Hablaremos sobre cómo amar nuestro cuerpo, cómo alimentarnos física y emocionalmente, y cómo superar los obstáculos que no nos permiten vivir en paz con nosotras mismas. El Blog CuerpoAdentro está aquí para apoyarte en tu crecimiento personal y para inspirarte a que expreses tu grandeza en el mundo.

    ¡Bienvenida!

    Corazón Tierra

    Creadora del sistema CuerpoAdentro

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Quítale la “p” a la prisa y ríete

¿Te has encontrado alguna vez en una situación extremadamente ridícula porque ibas de prisa? Yo sí. Cuando padecía de anorexia la prisa era uno de los monstruos que me acompaññaba constantemente. Se encargaba de mantenerme ausente de mí misma, fuera de la presencia de mi cuerpo. Luego aprendi a vivir con calma y a recibir el momento presente. Entonces la prisa quedó fuera de mi vida.

Sin embargo, de vez en cuando, a pesar de que sigo lealmente el principio de la calma, el monstruo de la prisa se aparece, hace malabarismos conmigo y me pone en situaciones bien ridículas. Hace un par de años me encontré tratando de subir por una escalera eléctrica que iba en dirección opuesta (o sea que iba bajando, no subiendo).

Era un día frío en la ciudad de Nueva York. Salí con una amiga rumbo al cine a ver el estreno de la película El laberinto del Fauno. Salimos 20 minutos más tarde de lo que mi mente habia planificado, sin embargo, todavía teníamos sufiente tiempo para llegar a tiempo.  Pero mi mente no lo percibía así. El mosntruo de la prisa empezó a apoderarse de mí. Se metió en mi plexo solar donde empezó a palpitar como un reloj acelerado.

En mi mente se repetían deseseperadamente los siguientes pensamientos: “Vamos a llegar tarde. El autobús se nos va a pasar y tendremos que esperar media hora por el próximo”. Pero cuando el autobús llegó y nos montamos en él a tiempo la mente continuó pensando: “Nos vamos a quedar atascadas en el tapón y tardaremos una hora en llegar”. Pero cuando no pasó eso y el autobús siguió su rumbo sin nungun problema mi mente empezó a pensar: “Vamos a llegar tarde de todos modos. El tiempo se esfuma y cuando lleguemos ya no habrán asientos. Y si hay asientos entonces nos vamos a perder la mitad de la película”.

Cuando me bajé del autobús tuve que hacer un esfuerzo para no salir corriendo como una mujer desesperada. También tuve que hacer muchos esfuerzos para no ajorar a mi amiga. Pero de vez en cuando se me escapaban mis pensamientos porque percibía que ella, quien no tenía ninguna prisa, iba a paso de tortuga.

Cuando entré al  cine la desesperación se apoderó de mí. Dejé de pensar cuerdamente y me lancé corriendo en la primera escalera eléctrica que se apareció en mi camino. Intenté subir, pero daba un paso tras otro paso y mi cuerpo no avanzaba hacia adelante. Entonces escuché la voz de mi amiga lejana diciendo: “Corazón, ¿qué estás haciendo? Fíjate bien en lo que estás haicendo”. Su voz irrumpió en el universo en que me encontraba sumergida como una ráfaga de luz. Desperté del trance y entonces finalmente me di cuenta que estaba intentado subir por una escalera que iba en dirección opuesta.

Al ver la exagerada situación no me quedó más remedio que reírme a carcajadas de mí misma. Me di cuenta que la vida me estaba hablando y me decía: “La prisa no te adelanta ni te lleva a ninguna parte sólo te lleva en dirección opuesta”.

Amiga mía, sanar el hábito de la prisa puede ser un proceso bien profundo. Sin embargo, podemos empezar ese proceso haciéndonos esta sencilla pregunta: ¿Estoy tratando de subir por una escalera que va en dirección opuesta a mi destino? Si la respuesta es “Sí” quítale la “p” a la prisa y ríete a carcajadas.

También puedes descubrir algunas maneras sencillas de detener la carrera de la prisa y evitar el estrés, aquí.

Líberate de la prisa

Es posible que tú, al igual que yo, hayas caído en algún momento de tu vida en la trampa de la prisa. Vivimos en una sociedad acelerada y tenemos que cumplir con montones de responsabilidades. Muchas veces parece imposible realizar todas las tareas que nos corresponden si no recurrimos a ese monstruo que palpita en nuestros estómagos como un reloj desesperado.

La prisa es tramposa. Nos hace perder tiempo. Nos causa estrés y nos saca del cuerpo. poniéndonos en situaciones ridículas que pueden conllevar a accidentes.

Un día la locura de la prisa me puso en una situación extremadamente ridícula. Me encontré tratando de subir una escalera eléctrica que iba en dirección opuesta (o sea bajando). Cuando desperté escuché el mensaje que me daba la vida: ‘La prisa solamente te lleva en dirección contraria”. Desde ese día, amiga mía, practico con fervor ese viejo refrán: “Vísteme despacio que voy de prisa” y pongo el práctica el primer principio del Sistema CuerpoAdentro: Vive presente en tu cuerpo.

He aquí algunas ideas que te pueden ayudar a atajar la prisa:

1) Detén la carrera y saca dos o tres minutos para respirar profundamente. Te aseguro que esos tres minutos realmente te van a ayudar a rendir tiempo. Inspira permitiendo que el aire llene tu torso, estómago y vientre. Al expirar siente como el aire se lleva la sensación de ansiedad que se forma en esas partes del cuerpo cuando estás de prisa. Inspira y expira al menos cinco veces.  Ahora puedes continuar hacia tu destino manteniendo tu atención en el momento presente.

2) Detén la carrera y saca dos o tres minutos para calmar tu mente. Enfoca tu mirada en un espacio armonioso y despejado. Puede ser el cielo, un jardín o una pintura. Pon toda la atención de tus ojos en ese espacio durante dos o tres minutos sin pensar en lo que tienes que hacer después. Ahora puedes continuar hacia tu destino enfocada en el momento presente.

3) Detén la carrera y saca dos o tres minutos para relajar tu organismo. Cierra los jos y coloca tus manos sobre tu corazón. Siente y escucha tu palpitar hasta que se calme y empiece a palpitar pausademente.  Ahora puedes continuar hacia tu destino enfocada en el momento presente.

El regalo de la presencia

¡Ya tengo mi lista de regalos de Navidad! Antes de hacer la lista, me di cuenta que mi deseo más profundo era dar regalos inolvidables, regalos que perduren en la memoria de mis seres amados.  Reflexioné sobre todos los regalos de Navidad que he recibido en mi vida. De mi memoria salieron cientos de vivencias, momentos en los que las personas que me quieren compartieron su presencia conmigo.

Recordé las noches de la época navideña que pasé con mi madre mirando las estrellas en espera de los Reyes Magos. Recordé los aguinaldos (género musical puertorriqueño) que escuchaba con mi padre y los olores a canela y anís. Recordé la risa traviesa de mis tres hermanos.

Los mejores regalos que me han dado las personas que me aman han sido momentos de presencia. Y este año es mi presencia el regalo que les quiero dar a ellos.

1) Quiero escribirle una carta a mi sobrino Daniel contándole historias sobre mi familia. Daniel es mi único sobrino. Tiene 12 años de edad y desafortunadamente no he tenido la bendición de verlo crecer cerca de mí.  Es un niño extraordinario y esta Navidad quiero darle mi presencia mediante mis cálidas palabras.

2)  Quiero abrazar a mis hermanos Andy y Lenin, y dejarles saber cuánto los quiero. ¡Voy a pasar Navidad con ellos!

3) Quiero enviarle un abrazo a mi hermano Ito en una carta que le dé fuerza e inspiración.

4) Quiero salir a caminar por las montañas con mi hermano Lenin.

5)  Quiero mirar las estrellas con mi madre.

6)  Quiero escuchar música con mi padre.

7)  Quiero compartir con mi amiga y maestra espiritual, María, y celebrar con ella todos los logros que ambas hemos alcanzado este año, tomando vino tinto y comiendo delicias.

8)  Quiero dejarles saber a mis amigos por qué son importantes en mi vida.

9)  Quiero regalarles a mis amigos una noche de poesía junto a la luna.

Al leer esta lista me lleno de regocijo y el espíritu navideño se apodera de mí. Entonces me doy cuenta que verdaderamente no existe tanta diferencia entre dar y recibir, que ambos actos forman parte del mismo baile, Todos estos regalos que quiero dar, estos momentos de presencia, son regalos para mi alma que siempre quedarán grabados en la memoria de mis células.

Los 7 principios del sistema CuerpoAdentro

Amiga, existe un espacio sagrado dentro de nosotras donde el cuerpo vive en armonía con el alma. Cuando vivimos desde ese maravilloso espacio nos sentimos felices. Nos amamos en cuerpo y alma. Empecemos a fortalecer ese espacio poniendo en práctica los 7 principios de mi sistema CuerpoAdentro.

1) Vive presente en tu cuerpo.
Vive en el aquí y ahora, sintiendo tu respiración, tus emociones, el hambre y la saciedad, y la sustancia de tu cuerpo.

 2) Despierta la sabiduría de tu cuerpo.
Tu cuerpo te habla con tus dolencias y malestares, tus penas, deseos, pasiones y alegrías. Escúchalo y descubre las pautas que te llevan a tu bienestar y plenitud.

3) Recibe los regalos de la Madre Tierra
Cuando tengas hambre mímate con platos sanos y deliciosos, y cuando no tengas hambre mímate con tu presencia. Mímate y cuídate para amarte, no para alcanzar el “cuerpo ideal”.

4) Descubre tus paisajes emocionales dentro de tu cuerpo.
Date permiso para sentir tus emociones. Transforma las emociones tóxicas y nútrete con las emociones alentadoras.

 5) Experimenta tu cuerpo como una manifestación de tu alma.
Expresa a tu ser auténtico desde tu cuerpo auténtico.

6) Ocupa tu espacio de poder y comparte tu majestuosa presencia con el mundo.
Libérate del que dirán, de los hábitos que cortan tu estatura, de la vergüenza que esconde tu majestuosidad. Tu presencia de reina es un regalo para el mundo. ¡Compártelo!

7) Celebra tu belleza y libera tu gracia.
La fuente de tu belleza se encuentra dentro de ti, en tu cuerpoalma. Nutre ese espacio con amor, cariño, ternura, arte, naturaleza, relajación y alegría.

Corazón Tierra © 2009

Empieza tu día con presencia

Correr tras el futuro es una acción que desgasta nuestra energía vital. Dejemos las preocupaciones por lo que no hemos completado y por lo que debemos hacer, y reclamemos el regalo de la vida al comenzar el día con estas tres placenteras acciones:

  • Al despertar por la mañana, en vez de pensar en las tareas que debes completar ese día, quédate un par de minutos en la cama con los ojos cerrados. Siente la calidez de tu lecho en todo el cuerpo. Abrázate tu misma. ¡Estás recibiendo el abrazo de la vida! Si tienes pareja, comparte el abrazo con él o ella.
  • Al lavar tu cara con agua, en vez de pensar en el poco tiempo que tienes para cumplir con todas tus responsabilidades, pon tu atención en el agua. Siente cómo el agua toca tu piel cariñosamente. ¡Estás recibiendo las caricias de la vida!
  • Al desayunar, en vez de pensar en lo próximo que tienes que hacer, saborea cada bocado con gusto. ¡Estás recibiendo la sustancia de la vida!

Cuando recibimos el regalo de la vida mediante las maravillosas sensaciones de los sentidos aprendemos a vivir en el presente libre de estrés y ganamos vitalidad. ¡Llénate de energía mediante el maravilloso poder de los sentidos! Aprende otras maneras sencillas de cómo lograrlo aquí.

¿Qué dice tu postura?

¿Alguna vez te han dado golpecitos en la espalda y te han dicho que tienes que enderezar tu cuerpo?  Es posible que sí. En la vida de muchas mujeres siempre ha existido una tía o la madre de una amiga que se ha encargado de enseñar los principios de la “belleza” femenina. Esos principios, por supuesto, incluyen el caminar en tacones con la frente en alto.

No hay dudas de que en ese entrenamiento de belleza femenina se le presta atención a la postura. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos los consejos que se imparten, en vez de ayudar a mejorar la postura, nos colocan en una mala postura. Si aprendiste a enderezar tu cuerpo estirando las piernas, sacando el trasero hacia atrás como una gata en celo (posición en la que queda tu cuerpo si usas tacones muy altos), entonces te estás poniendo en una postura que obstruye el flujo de energía en tu cuerpo.

Una mala postura afecta nuestro nivel de energía, nuestro estado de ánimo y a largo plazo nos puede causar problemas de salud tales como dolor de espalda crónico. Pero esto no es todo. La postura de nuestro cuerpo refleja la postura que llevamos en nuestra vida.

Si sentimos que cargamos el peso del mundo arriba, puede que nuestra espalda se encorve hacia adentro. Si sentimos vergüenza, quizás nuestro cuerpo responde escondiendo la mirada y comprimiendo las vértebras del cuello. Si la rabia nos come por dentro, la mandíbula se pone rígida robándole a nuestro cuerpo la postura saludable.

La postura es un mapa que revela nuestros pensamientos, emociones y vivencias.  Cuando nos sentimos menos que las demás personas caminamos cabizbajas, escondemos nuestros rostros, nuestra postura se sale de balance y nos hacemos pequeñas literalmente. Cuando nos sentimos cómodas y felices con nosotras mismas caminamos con la frente despejada, con la postura erguida, con una postura de reina, y miramos al mundo de frente con dignidad y orgullo. Nos sentimos hermosas, diosas.

¿Cómo está la postura de tu cuerpo en este momento? Podemos hacernos esta pregunta a diario, y sin criticarnos, escuchar la respuesta que nos da nuestro cuerpo. Ese es el primer para empezar a descubrir la postura que nos pone en balance en la vida y con la vida.

Mi cuerpo, un campo de batalla

Mis brazos siempre intentaban expresar algo que se cobijaba en mi alma, pero no podía entregarme a su impulso. Ese algo se enmudecía, tropezaba y se paralizaba dentro de la armadura en la que me encontraba cautiva.

Desde allí sólo podía escuchar un lejano lamento, una nostalgia, un deseo de expresar mi armonía. Pero el terror era más potente que mi deseo, corría desde mis pies hasta mi corazón ahogando cualquier indicio de gracia. ¡Que mi belleza no se atreviera a ocupar espacio en el mundo!

“De nada me sirve”, decía una autoritaria voz en mi mente. “Tengo que ser fuerte”.

En mi cuerpo apenas se asomaban las curvas. No existía sustancia entre mis huesos y mi piel. Atrapada en la anorexia, vivía para borrarme del mundo. Mi mente le había declarado la guerra a mi cuerpo y me estaba dejando achatada, casi sin dimensiones.

Esa guerra era dirigida por un aspecto mío que desesperadamente buscaba mi poder, una entidad cuya estrategia para afirmar mi identidad consistía en controlar las cualidades que me hacían vulnerable en el campo de batalla.

“Si te dejas dominar por tus miedos, serás devorada por las fieras del mundo”, me advertía mientras apretujaba todos mis miedos en un rincón de mi estómago.

“Si quieres ser una mujer exitosa e independiente, tienes que mostrar tu fuerza. No te atrevas a derramar ni una lágrima”, ordenaba anudando cada una de mis lágrimas.

“Si quieres ser poderosa, olvídate de las tonterías femeninas. No te pongas vestidos color de rosa con encajes. No te atrevas a expresar cariño ni dulzura”, gritaba borrando los trazos femeninos de mi existencia: la gracia, la voz tierna, la intuición.

Yo no lo sabía.

No sabía que volar era el destino de mi corazón, que mi cuerpo estaba hecho con el fuego de  la tierra. Envuelta en una nube gris salí al mundo.

Corazón Tierra © 2002

Este es un fragmento de mi novela Casi desaparecida: Retorno al territorio de mi cuerpo, un viaje por las heridas emocionales de la anorexia, una mirada profunda a las vivencias del cuerpo y del alma que me ayudaron a amar mi cuerpo.

Memorias de la anorexia

Libro Casi desaparecida: Retorno al territorio de mi cuerpo

Libro Casi desaparecida: Retorno al territorio de mi cuerpo

Sostenida por mi inquebrantable fuerza de voluntad, me mantenía aferrada a mi habitual pose: los hombros encorvados con los brazos tiesos, las rodillas a punto de quebrarse por la tensión y los pies arraigados al suelo como si fueran pezuñas de hierro. Aunque me encontraba envuelta en la más exquisita seda, mi cuerpo no se dejaba seducir ni por un instante. Ya llevaba muchos años viviendo en esa postura. Nada ni nadie me sacaría de ella, ni siquiera las brillantes medallas que relucían en mi pecho.

Todo el mundo a mi alrededor celebraba mis logros. Me acababa de graduar de la escuela secundaria con una multitud de premios. Me felicitaban y me elogiaban, pero yo me mantenía distante, casi a la defensiva. En mi rostro no se asomaba ni una leve expresión de alegría. Sabía que estas victorias eran sólo el comienzo, que todavía tendría que pelear muchísimas batallas antes de alcanzar el éxito absoluto.

Quizás por fuera, ante los ojos que no se atreven a traspasar las apariencias, yo parecía una chica afortunada, tal vez demasiado delgada y exageradamente perfeccionista, pero afortunada. Una joven inteligente y disciplinada que había sabido aprovechar las oportunidades que sólo se presentan una vez en la vida y que no había perdido el tiempo, ni con fiestas ni con chicos. Una mujer joven, aunque todavía parecía una niña, que tenía su vida por delante.

En mi mente yo también me consideraba una persona que sabía mantener su vida bajo control. Había logrado todo lo que me había propuesto hasta entonces. Había alcanzado algo que para muchas mujeres es tan sólo un efímero sueño: detener el salvaje crecimiento de las caderas y los senos, de los muslos y las piernas, borrar la exuberancia latente antes de que tomara posesión de mi cuerpo. A los 18 años pesaba la misma cantidad de libras que pesaba cuando tenía 12 años.

Para mí este logro no era menos importante que las medallas que colgaban de mi pecho. Los premios y las 85 libras formaban parte de la misma estrategia, tenían un fin común. Las personas a mi alrededor no lo sospechaban, no sabían que mi cuerpo y, no las matemáticas ni las ciencias ni las letras, era el campo que mejor dominaba.

Eso pensaba mi mente. Si hubiese sido capaz de sentir lo que se escondía dentro de aquella armadura, me habría dado cuenta de que el control era sólo una ilusión de poder. Años después, cuando me encontré al borde de un abismo, mi cuerpo me contó la historia que siempre había intentado contarme.

Esa es la historia que comparto en mi novela Casi desaparecida: Retorno al territorio de mi cuerpo, un viaje por las heridas emocionales de la anorexia, una mirada profunda a las vivencias del cuerpo y del alma que me ayudaron a amar mi cuerpo. De ese viaje profundo sale la medicina que comparto contigo en este blog.

Carta a una amiga con mal de amor

He escuchado tu voz., el lamento de tu alma. Tus palabras me estremecen, sé de dónde salen, del dolor viejo, del dolor nuevo. Y desde la calma que he ganado después de mis duelos, pongo esta manta de entendimiento sobre tus hombros.

Estás en una noche oscura. No le tengas miedo. Hay momentos en los que tenemos que cruzar la oscuridad. La vida nos obliga a soltar lo que ya no le sirve a nuestro espíritu, a lo que ya no se armoniza con la intención verdadera del alma.

Es tiempo de duelo, tiempo de dejar correr las lágrimas, de llorar la pérdida, de decirle adiós a la que fuimos antes de que nos arropara la pesada noche.

¿Y  por qué tenemos que pasar por estos duelos? La respuesta es misteriosa, ambigua, paradójica. Pero quizás la pregunta que nos libera no es “¿Por qué?” si no “¿Quién soy”.

¿Quién soy sin la casa, sin el salario, sin el marido, sin las amigas, sin los hijos, sin los padres? ¿Quién soy y qué pedazo de mi alma implora ser rescatado en esta noche oscura?

Estás en una noche oscura, amiga mía, y en esa oscuridad salen a merodear fantasmas y sombras, voces que te critican y te torturan con sus burlas. No te distraigas. Respira profundo, míralas con compasión y sigue viajando hacia adentro, hacia tu silencio interior. Toca el fondo de tu corazón. Toca tu verdad.

Estás de duelo, amiga mía. No te juzgues cuando broten las lágrimas. Déjalas correr y abrázate como si tu misma fuera tu madre.

Llora, llora todos los días, si es necesario, Las lágrimas atrapadas envenenan la vida. Pero llora con fe, sabiendo que cada noche, por larga que sea, siempre tiene su final. Llora confiando en el poder de tus emociones.

Llora sin hacerte pequeña, dejando que las lágrimas disipen las nubes de tu tristeza. Llora, muda de piel y despierta a la mujer maravillosa que late dentro de ti.

Desarrollo personal: Escucha tu verdad

¿Cómo estás? ¿Cómo está tu alma? ¿Cómo está tu cuerpo? A menudo respondemos a estas preguntas automáticamente sin tomarnos unos minutos para sentir lo que está pasando dentro de nosotras. Nuestro ser está lleno de emociones, vivencias y sentimientos profundos. No es posible responder a estas preguntas de una manera auténtica si no escuchamos nuestra verdad. Y esa verdad la descubrimos cuando escuchamos con atención el cuerpo y el alma.

Hoy te invito a que escuches tu verdad más profunda. Entra al silencio de tu mundo interior. Calma tu mente. Más allá de los ruidos mentales, de las preocupaciones y miedos, más allá de los complejos y la culpa, se encuentra tu esencia, la que lleva en su regazo la sustancia de tu verdad más profunda.

Siéntate en un lugar silencioso donde nadie te interrumpa. Respira profundo y escucha tu cuerpo y tu alma. Si tienes ganas de llorar, llora. Si tienes ganas de reír, ríe. Honra tu verdad.

A veces esa verdad tiene lágrimas. Si las encuentras, llóralas, deja que fluyan como un río sagrado. Confía en el  poder de tus emociones. Las lágrimas nacen para ser corrientes que se llevan lo que ya no sirve; déjalas que cumplan con su cometido.